miércoles, 8 de mayo de 2019

Siempre perderemos algo en el camino, y nos quedará apenas lo suficiente para reinventar, empezar de cero, como el movimiento previo de cualquier suceso. Después de un final, antes de luchar por cualquier cosa, primero debemos empezar por la supervivencia de la mente, su seguridad. Seguir adelante tal vez sea eso, no desistir a los sueños a pesar de los tropezones, no desacreditar lo que nos queda. Aunque a pedazos, caminar rumbo a una distancia irreversible del propio pasado, y quedar lejos de lo que pasó por el derecho a ser mejores personas ahora. O por la voluntad de dejar morir algo que ya no puede vivir más con nosotros.

jueves, 2 de mayo de 2019

Todo

Para mí una persona que se ríe sola mirando una película
o leyendo un libro en el sofá,
la que se va a dormir sin necesitar una compañía
y se estira ocupando ambos lados de la cama,
la que no espera una llamada o un mensaje de texto
y se arregla frente al espejo para sí misma,
entendió todo.

Bona nit.

domingo, 14 de abril de 2019

Piensa, piensa, piensa...

Un día despiertas pensativo y esta cosa a la que llamamos existir ya no te gusta tanto. Te sientas al borde de la cama y piensas en el cuerpo y en la mente, en el equilibrio de la cuerda floja por donde caminas, piensas incluso en las personas que mordieron tus sueños como nubes de algodón. Te sientes insatisfecho contigo, vas al espejo y dardos de preguntas absurdas te rodean: perder o ganar peso, los hombros, el cabello, azul o negro... Los ojos te arden, el día se muestra terrible, repetitivo, terriblemente repetitivo.
Un día despiertas y piensas en cosas que normalmente no sueles pensar. En el sol, en el aire, en el agua contaminada que gotea por los grifos, en los cigarrillos, en el alcohol, en las drogas, en la muerte ¿hasta qué año vamos a durar? ¿A qué dirección nos empuja la inercia? Piensas en la basura, en el ruido contaminado de los que hablan de moral sujetando el ratón con la mano izquierda, en las razones de la derecha, en los autos, en el tráfico, en las personas que van dentro de los autos y ocasionan el tráfico. Creas anagramas confusos que vas dejando por la mitad, proyectos, amores, Dios y Satán, el bien y el mal.
Te sientes cansado y cada día sabes menos de lo que pasa. O cómo pensar, o cómo parar de pensar. Cuánta tontería... eso jamás tiene un fin porque siempre estaremos equivocados y cansados de repetir los mismos errores, pensando en las cosas que suceden de la puerta para afuera, creando expectativas que nos dejan frustrados o felices, hasta el día que no haya más en qué pensar. O hasta que dejemos de existir.

jueves, 4 de abril de 2019

Poco a poco

Conocerla fue como encontrarse un billete de cien en la calle,
como saltar el muro que te separa del castigo de tus padres
o como ver sobrevivir a un perro esquivando un coche.

Ya sabes,
quedarse con esa sonrisita tonta todo el día
pensando en la próxima vez que tropezarás con su boca.

Tiene nombre de princesa
y eso que a mí siempre los finales felices me han parecido un coñazo,
como la estúpida idea de vivir una comedia romántica
que te distrae de las buenas porno.

Pero esto no va de finales,
sino de comienzos.

Tiene los ojos cafés y su cuerpo el sabor del vino,
y os juro que he podido paladear el mar en su cuello
cuando el sudor le recorre la nuca.
Ha bailado mis berrinches culpando al azar por mis tantos enfados.
Qué ironía tú,
Tanto escupir al cielo
y él regalándome el terciopelo del puto milagro de sentirme vivo.
Y cuando digo milagro me refiero a tus caderas pidiendo permiso a mis desastres,
a las mil maneras que tienes de hacerte un nudo en el pelo,
a tu pelo rebelde rompiendo el himen del “mañana tengo que levantarme temprano”.

Hay amaneceres donde la luna se equivoca de estrella,
y este poeta miserable no hace más que recoger los versos
que los lobos lanzan por tu ventana de pestañas bien al rímel,
de tu piel con cremas de aloe vera
de tus labios rojos deseando manchar los míos.

Conocerte,
supongo,
es como ir al supermercado y ser el primero en la fila…
No se me ocurre analogía mejor para explicarte,
para hacerte saber,
para contarte, digo,
que desde que llegaste a mi vida he dejado de ser el último.
Porque ya no compito con nadie.

domingo, 3 de febrero de 2019

Feliz adiós

Cuando vivo un momento feliz, no sé qué hacer con las manos.
Vuelvo a ser ese niño de tercero de primaria que sonríe y olvida taparse la boca para no mostrar los dientes torcidos.
Pienso en la tranquilidad cuando tomaba café en la terraza de mi departamento en Barcelona y me pasaba la mañana soñado con pájaros.
En estos momentos pienso en mi abuelo escuchando música con su radio a pilas encima del pecho.
Pienso en la carta que dejó por debajo de mi puerta aquella chica que ya no recuerdo su nombre.
Pienso en el último día de clase,
pienso en cavar agujeros en la arena de la playa,
pienso en la satisfacción de tomar una cerveza helada después del trabajo.
Pienso en el tiempo en el que no llamaría al tiempo.

Lo que duele de la felicidad es eso, no poder quedarnos, la vida no nos deja permanecer ahí.

Aunque me gustaría, lo juro.
Me gustaría deshacerme de todas esas cicatrices de adentro.
Me gustaría seguir disfrutando de mis dientes torcidos al reír cuando era un niño.
Me gustaría reencontrar la pureza y la habilidad necesaria de enamorarme de nuevo.
Me gustaría cavar agujeros y esconderme del tiempo.
Ver a mi abuelo todas las mañanas antes de las mañanas.
Me gustaría seguir tomando café en mi terraza de Barcelona...
Pero la vida me llama y debo irme.
Debo abandonar esos momentos felices para que sigan felices donde están.
Tengo que seguir adelante...
Hoy al menos sé qué hacer con las manos, y seguramente sea un gesto de adiós.

sábado, 2 de febrero de 2019

La boca me sabe a ron y las manos a otoño. Quién diría que estamos en pleno verano. He girado la esquina como pidiendo perdón al paso lento del viento donde me miran desconfiados los transeúntes, alguno ya ni siquiera sonríen. Me rompo la mandíbula intentado darle forma al vacío que me acompaña en cada paso, una ausencia que pesa más que cualquier compañía. Tu boca, esa boca... El corazón me late fuerte. Escribo para no desconcentrarme, para quererme un poquito menos, para manchar de lagrimas la pantalla del teclado. Muchas letras, pocas cosas bonitas. Pido ayuda a gritos, abro grande los ojos, cierro un poco las piernas. Tengo tabaco en los bolsillos, las cervezas ya no son buenas consejeras.

sábado, 19 de enero de 2019

Sábado con sabor a domingo

Sábado con sabor a domingo.
No tengo nada que hacer, estoy tirado en mi cama mirando el techo mientras Amelia caza una mosca que se ha metido por la ventana hace un rato. No quiero ver el teléfono, se me hace un vacío en el estómago cada vez que abro el whatsapp o Facebook, tengo miedo de seguir encontrándome con nada. Nada tuyo quiero decir. Menos mal que hoy no tengo laburo, no tengo que pegar tanto viaje para dictar clase, me refugio en la soledad de mi habitación, sumergido en el ruido de mi cabeza.
Es de tarde y a esta ciudad se le da por llover, supongo que desde que no estás la primavera no siembra esperanzas en la puerta, ni siquiera toca el timbre, sólo se desquita conmigo en las fotos que guardo en la memoria del móvil. Amelia está inquieta, dentro de poco le vendrá el celo, eso creo, no le pierde el rastro a la mosca. La pobre vuela intentando encontrar la salida, se estrella repetidas veces contra el cristal de la ventana, yo la observo y la observo...
Llegados a esta altura sólo me quedan dos opciones: abrir la ventana y dejar que sobreviva, o mandarte un mensaje y matarme con todos.

No lo sé.