viernes, 30 de junio de 2017

Hoy he decidido hablar de ella.
Y no es que eso sea una tarea fácil, no, no, joder, no es nada fácil. Pero vamos a ver, cómo explicarlo, ella es un poco... confusa, de las personas que da un paso al frente y diez para atrás ¿me entiendes? Nunca hablará de lo que siente, y si lo hace, nunca será en el momento adecuado: en una obra de teatro, en la fila del súper, en la parada antes de cruzar el puente... Luego callará por unos días, se apartará de todo y te dejará con la duda de si era cierto todo lo que hablaron o no tiene sentido alguno.
Con ella no existe eso de “equilibrio” todo es al extremo, es demasiado dramática, demasiado feliz, demasiado triste, demasiado todo. Es totalmente impredecible, si esperas algo de ella, que no te sorprenda que haga todo lo contrario.
Pero también es jodidamente hermosa, tiene una risa que me derrite, cuando estoy cerca de ella me siento tan... así.
Ella es un océano y yo una simple gota de agua.
No habla mucho de ella misma, prefiere que te tomes el tiempo en descubrir qué está pasando por su cabeza. Y no es fácil (otra vez). Te dará mil opciones diferentes a las mismas dudas de siempre, y en muchas, no podrás discutir su postura. 
Y cuando hago el tonto ella se pone seria ¡pero en el fondo ella adora las tonterías y le encantan las personas tontas!
Le apasiona todas-las-cosas-que-hace, y no sé exactamente porqué, pero cuando estoy a su lado me apasiono también por las cosas que hago, me vuelve mejor persona joder, a mí, que siempre fui un jodido ogro ermitaño. Ella cree en los seres humanos y piensa que nadie es malo a conciencia, y eso es algo que admiro de ella porque yo pienso que vivimos en el puto infierno.
Siempre está en crisis y no vas a llegar a entender del todo todas sus locuras.
Me asusta, me encanta, es compleja, incompleta, parece que todo el tiempo va perdiendo partes de ella por ahí. Si fuera como un puzzle sería más fácil, un poco de tiempo, paciencia y dedicación sería suficiente, pero está muy alejada de ser un puzzle, está más cerca de una pieza de museo de arte contemporáneo, la nueva performance, que no se entiende un carajo vamos.
Es una sinfonía de Mozart que nunca se tocó, la idea que se quedó en el aire en la cabeza de Einstein, la frase que Shakespeare se olvidó de escribir. Aparentemente todas estas cosas no hacen falta para el hombre, pero si hablamos de ella, es necesaria para hacer de este planeta un lugar mejor. 
Ella me genera muchas veces una profunda nostalgia, y pienso que en cualquier momento se aburrirá de mí. Luego me ve, me abraza y dice “tengo ganas de llenarte entero de besos” y vuelvo a caer en sus brazos. Aunque caer es sus brazos no sea caer, sino echar a volar.
Ella es un caballo, un campo minado, a veces tengo la impresión de estar lidiando con un ejercito entero, y luego, cuando la veo bien, es tan pequeña, tan frágil, tan, tan... coño... y oigo su respiración cuando me manda mensajes de audio o me llama por teléfono, y por encima de todo es el mundo donde quiero vivir.
Ella es un problema, un gran problema, hace temblar mi estructura y me cambia el horizonte.
Ella es agridulce, a veces parece que anda perdida por la vida y otras veces responsable de más. Es de las personas que no se queda conforme en un sitio y sale a la búsqueda de otro cielo iluminado, a ella le encanta eso, buscar un sitio donde se sienta cómoda, buscando su lugar, su espacio.
Después de todo es simple, digo, en esencia, ella es imposible, debe ser por eso que me gusta, es todo.
No entenderla finalmente, saber qué decirle en el momento adecuado o qué no decirle, conocerla del todo es muy poco probable, ella es un poco bastante desastre, perfecta para mí.
Mi plan con ella es simple... no joder, no tengo en realidad un plan. 
Ella debería venir con un manual, ya sabéis, algunos consejos, unos tips, pero bueno, una persona apasionada por las tonterías, con una habilidad peculiar de confundir a la gente y tiene buena actitud ante los desastres, ya me tiene ganado.
Es todo lo que significa ella lo que me hace verdaderamente feliz.
Si pasas un día con ella no vas a entender ni el uno por ciento de lo que estoy diciendo. Joder, es que ella es un libro inacabado, la parte “tachan” de la historia, ella acaba conmigo, me siento totalmente desprotegido, literalmente es mi kriptonita. 
Ella está hecha para mí.
Sólo que no sé cómo decírselo.

jueves, 22 de junio de 2017

No estoy seguro del porqué me acuesto en la cama tan temprano cuando podría estar haciendo miles de cosas por ahí.
No estoy cansado.
Es muy difícil que me entre el sueño a esta hora. Pero siento la necesidad de quedarme acostado en la cama mirando el techo por un rato.
Sin música, sin luz, sin ruido.
De verdad, no tengo sueño.
Tal vez haya encontrado un lugar donde puedo renunciar a todo sin que nadie me vea, escuche o sienta.
Ni siquiera yo.
Estoy haciendo muchas cosas a escondidas de mí.

viernes, 19 de mayo de 2017

Hoy

Hoy firmaron la paz Corea del Norte y Estados Unidos.
No habrá guerra.
Hoy el cambio climático fue a mejor
y los animales danzan celebrando la vida.
Hoy la gente dejó el teléfono en su casa
y por las calles las personas se miran y hablan como antes.
Hoy en los noticieros no se escuchaban desgracias
y en la lista de la compra se anotaba pura comida sana.
Hoy Venezuela acabó con Maduro.
Se acabó la opresión.
Hoy se venden cada cinco minutos cien libros,
los poetas beben en los bares,
lo músicos tocan en la calle,
la gente baila al rededor de una fogata,
se acabó la delincuencia,
adiós a la pobreza,
los ciclistas andan tranquilos
hay amor en las familias...

En fin.

Hoy,
ella me besó.

domingo, 14 de mayo de 2017

Mensaje no enviado

Nota 1.

- Te fluye tan fácil la poesía...
- La poesía no fluye, la poesía explota. Explota cuando se tiene algo con qué colapsar. Y yo constantemente tropiezo contigo.

Es domingo,
un día difícil.

No  quería levantarme de la cama, llevo una temporada con mucho ruido en la cabeza: estrés, duermo mal, escribo menos y esta estúpida manía de morderme las uñas como si estuviera buscando algo debajo.
He sacado una mano por la sábana y he pillado el teléfono por si había algo nuevo, cualquier cosa que me dé un poco de impulso. Bueno, en realidad para ver si habían noticias tuyas. Nadie había escrito, tampoco habían llamadas perdidas. Así que dejé el teléfono sobre la mesilla y me cubrí hasta la frente como si la sábana fuera un escudo protector contra el mundo.
Como un libro,
como un círculo dibujado con tiza en el suelo.

No funcionó del todo, resulta que la sábana no te protege de la memoria.

Me tuve que levantar.

Bueno,
eso.

PD: Cuando estoy contigo me siento igual que cuando puedo irme a dormir sin poner el despertador. Desde que no estás, no sabes lo difícil que se me hace conciliar el sueño.

martes, 9 de mayo de 2017

Julia

Dicen, que una abuela es dos veces madre
y yo con ella me siento otra vez hijo.
Además que lo fuimos cuando nos cobijó en su casa
en una época donde más lo necesitábamos,
y suplió a mi madre en las actuaciones del colegio
los días que se quedaba trabajando hasta tarde
para darme la sonrisa que ahora tengo.

Mi abuela es diversión,
es una carcajada tierna cuando la escuchas pronunciar el inglés,
o cuando baila las canciones que pongo en el auto.
Es una narradora de historias familiares
y tiene el poder de hacerme viajar al pasado
sin necesidad de una máquina del tiempo.
Es un árbol de navidad y un “aguadito” de pavo,
un abrazo donde dormir,
un sitio donde huir
un recuerdo de aquella herida en la pierna que curó
cantando una canción y pasando su mano por mi pelo.

Mi abuela también es el desayuno del “pan con lomo”
y el café  con azúcar moreno.
Es el almuerzo a las doce,
el todos a la mesa,
el come que estás muy flaco,
el abrígate que hace frío,
el siéntate derecho,
el estás pálido
y ven que te tomo la temperatura.

Tantas cosas que podría decir...

Y sé que esto no lo leerás por ti sola,
porque las tecnologías no son parte de tu vida.
No te pierdes nada nuevo abuela,
es sólo que las cosas cambian.
Lo bueno es que no todas,
algunas siempre estarán en el mismo lugar,
como mis recuerdos de la infancia en Renán Elias 148,
o los años de ausencia en una nota que me dejaste
en un papelito de tu agenda antes de volverme a ir,
donde pusiste:
“llámame si necesitas algo,
te quiere,
tu abuela Julia”

Soy muy malo hablando las cosas,
por eso las escribo.
Pero yo también te quiero,
tu nieto,
tu hijo,
Victor.

PD: Tengo que ir a verte, no me olvido.

lunes, 1 de mayo de 2017

Abro y cierro tu conversación del whatsapp esperando
ese mensaje que me vuelva a acalambrar el vientre.

Te hablo a ti chica del pelo encendido
y ropa colorida.
A ti,
que dices nunca ser la inspiración de nadie,
hoy me tienes bailando al rededor del maldito teléfono.

He pensado en mil maneras de iniciar un acercamiento mas allá
de cualquier intento desesperado de buscarte las cosquillas.
Tropezando en cada intento:
me pongo serio,
elegante,
gracioso,
caballero,
histérico,
fuerte,
me pongo de todo menos tus manos sobre mi cuello erguido.
Lo que daría por sentirte respirar cerca
mirando mis ojos cristalinos
de tanta emoción.

Calmo mi instinto primitivo,
ese que te pillaría de los pelos para matarte a besos
mientras jugamos al cazador y la presa.
Ese que te quitaría las bragas para colgarla en el pomo de la puerta
y que nadie en este mundo se atreva a entrar a la habitación
porque declaro con el pecho abierto la tercera guerra mundial.

Todo el día buscando la forma de hacerte reír.
¿Tú te has visto reír?
Joder, puede compararse con cualquier amanecer,
digamos en mi cama por ejemplo.
O con esas noches donde todo te sale bien
y te pasas de vueltas con el deseo.

Aquí estoy,
mirando de reojo el maldito teléfono,
vibrando en cada mensaje que no es tuyo.
-Escríbeme si te gusto un poquito- me repito en voz baja,
no sé en que estúpida película lo vi.
Al sujeto le funcionó,
claro, de momento, este no es el caso.

¡Estás haciendo el capullo! Me dice la cabeza,
¡No hagas caso! Repica el corazón.

Voy a esperar diez minutos más
sino, apago todo y me voy a dormir
y a la mierda con la autodestrucción.

Tic, tac,
tic, tac...

¿Me escribes o qué?

domingo, 30 de abril de 2017

Con las ganas sobre la piel

- ¿Ya estás llegando?
- Sí, en cinco minutos llego.
- Vale, estoy preparando unos bocadillos, debes estar con hambre.

Muchas veces me pregunté si merecía tanta atención.
Si era justo volar entre esas nubes de cariño
cuando pronunciabas con adjetivos mi nombre,
mientras te acomodabas el tirante del sujetador
que caía suavemente por tu hombro.
Como dándome un premio,
como si hiciera las cosas bien.

Tus ojos me decían claramente que sentías también esa duda.

Llegué a casa,
estaba cansado, hambriento y necesitaba con urgencia una ducha.
Y tú, ahí,
con la radio de fondo bailando descalza
como si el mundo importara una mierda,
con una de mis camisetas que te quedaba como un vestido de diseño,
con ropa interior blanca que dejabas ver cuando te empinabas un poco
y como una corona autoproclamándote reina,
un moño en el pelo que mostraba lo fácil que es perderse en tu cuello.

El hambre y la sed cambiaron de dirección,
era a ti a quien quería devorar ahora.

Los bocadillos pasaron a un segundo o tercer plano,
así que me lancé como un vampiro
apresando con mis manos tu cintura,
soplándote la nuca para formar huracanes con la lengua.
Te sacaste la camiseta y tu piel brillaba
como un deseo enterrado entre los labios,
-supongo que esto debe ser el cielo- susurré cerca de tu oído
y me plantaste un beso en cada ojo.

Los siguientes minutos se cargaron
del ingrediente necesario,
jugando al twister con los sueños,
al despiste con el olvido.

Después del ritual que practicamos tan bien
volví a acordarme de mí,
-¿Nos duchamos juntos?- pregunté
-Claro- respondió.
Poca ropa otra vez.

Nos sentamos en el sofá,
los bocadillos sobre la mesa estaban listos.
Toda la provocación fue premeditada,
lo sé.
Y me encanta.

- ¿Comemos?
- Sí, muero de hambre. Por cierto ¿cómo estuvo tu día?