lunes, 11 de julio de 2016

Era tan guapa que no sabía si miraba 
o sembraba flores.

Supongo,
que fue por eso que decidí colocarle un marco 
y colgarla en la pared sobre la cama.
Para tener la sensación de estar durmiendo en un jardín.

Le gustaba escuchar música en francés,
el pan caliente por la mañana
y me acostumbró a tomar leche de soja;
decía que tenía que empezar a comer bien
y sano.

Me preparaba ensaladas que luego comía conmigo.
Eso era lo que más me gustaba de las ensaladas.

Amaba andar en bicicleta
y yo me moría de celos cuando lo hacía.
-nunca quedaré tan bien- pensaba,
luego me cogía la mano y me hacía andar junto a ella.

Yo he tenido que irme lejos por un tiempo.
Duermo en una habitación donde no se descansa por los vecinos,
pero pongo música en francés,
tomo un café con leche de soja
y me preparo una ensalada para cenar.

Me he comprado una bufanda nueva
que me pienso poner para andar en bicicleta.
No creo que quede tan bien de todas formas.

Ha pasado un tiempo ya,
pero no me preocupo,
después de vivir tantos inviernos
no todas las ciudades me dan frío.

martes, 28 de junio de 2016

Querida:

Echo de menos nuestra intimidad, nuestros momentos de rescatar al mundo, cuando hablamos de nuestros miedos, nuestros sueños, nuestras ganas.
A veces pienso que la vida es todo lo que nosotros construimos y no como la gente quiere que sea.
Y eso de construir y destrozar se nos da muy bien.
¿Sabes? Me gusta desde tu pelo hasta los dedos de tus pies, haciendo un recorrido entero por las perfecciones de tu cuerpo.
Sentir que encajas me hace una mejor persona, un buen ser humano, pero no sólo físicamente sino también intelectualmente.
Tengo ganas de estar contigo tomando una cerveza y escucharte, verte reír siendo ser tú, jugando a seducirme (siempre lo consigues) y ser completos y libres. Hablando de libros, películas y de cómo nos empotraríamos contra toda pared.
Me gusta que tengas esa vida, me gusta sentir que estoy en ella, me gusta que estés en mi vida. Me gustan tantas cosas de ti que no terminaría nunca de escribir, podría hablar desde el brillo de tus ojos o de tu pelo en una brisa otoñal. Eres una película constante que me mantiene en ascuas. Que me engancha, que me enamora. Una de esas que nunca sabes el final pero aguras cosas buenas.
Ojalá podamos acompañarnos con respeto y comprensión, con amor y ternura y con fuerza y obscenidad en los momentos tan nuestros.
Soy un toro muchas veces y treparía montañas por ti.
Una vez te lo escribí en el cuerpo: "mi vida ha sido trepar una montaña hasta llegar a ti" ahora es cuando me detengo y contemplo con calma y serenidad el paisaje.
Ahora, con mucho esfuerzo estoy construyendo mi casa sobre tu cuerpo.
Nuestra casa. Cualquier sitio donde estés tú lo llamo casa.

Te espero, te sueño, te ansío.

Con amor,
tu tuyo.

Victor.

lunes, 25 de abril de 2016

No sé cuántas copas más de vida me hacen falta para entender que no existe maldad en tu rostro.

jueves, 18 de febrero de 2016

Fuimos pura serendipia.

Y a veces creo que eres como un recuerdo que siempre está por venir.
Como esa palabra que se te queda en la punta de la lengua.
Como imaginar la cara oculta de la luna y dibujarla a mano alzada sobre una hoja de papel.

Joder,
siempre intento encontrar en mis entrañas las palabras justas para atravesarte el alma como lo hacen los pendientes con tus orejas.

No sé si lo puedes ver, pero hay un agujero pequeño en la manilla de la puerta.
Dicen que es para meter la llave.
No lo hagas, no sirve de mucho.
Siempre encontraremos la manera: para, como, por, y si...

No existen las barreras.

lunes, 25 de enero de 2016

“Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida”.

Eso he leído en una pared carcomida por la humedad y el tiempo en una calle de camino a casa. Como una contradicción a la palabra, aparecía el escrito a la fuerza mientras las personas pasaban distraídas por su lado. Yo estaba del otro lado de la acera leyendo la frase mientras me comía un chocolate “Sublime” y le ponía gasolina al coche.
Me quedé pensando unos segundos en el mensaje que mandaba la pared.

Solté una pequeña sonrisa y seguí mi camino.

Al llegar a casa me he quitado las zapatillas, me he puesto un zumo helado de maracuya y he mirado por la ventana cómo pintaban el edificio de enfrente. El verde del jardín estaba iluminado por el sol del verano. Suspiré. Cogí el texto y me senté en el sofá a seguir leyendo. Una pequeña brisa entraba por la ventana y los gatos de la casa dormían uno sobre otro.

Volví a sonreír.

Pasada la tarde, he ido al gimnasio y he hablado con William (ojalá se escriba así tu nombre), me contaba de la dedicación al entrenamiento que le inculcaron desde muy pequeño y lo a gusto que estaba con los resultados de su esfuerzo. Yo no hacía otra cosa más que sudar como si el desierto de Ica viviera dentro de mi estómago. Luego me he mirado en el espejo: “supongo que estoy bajando un poco la barriga” pensé y salí corriendo del gimnasio.

Fui feliz.

Al regresar he visto el móvil y habían varios mensajes tuyos.
Llevaba todo el día esperando este momento.




sábado, 2 de enero de 2016

2016 Rapid eye movement.

Te he soñado en brazos de otro, palpando casi a ciegas su forma que no se parece en nada a la mía.
No dejabas de sonreír.
Y es que en mi fase rem eras feliz con otro.
Me he despertado temblando, con 29 grados entrando por la ventana.
-No pertenezco a ningún lugar ni a ningún cuerpo- repetía en voz baja mientras iba al baño caminando descalzo. (Las cosas que quiero recordar las digo siempre en susurro, como pidiéndole perdón a la vida).
En el espejo he dibujado una sonrisa con el baho del agua caliente y he intentado encajar mi rostro en ella -me quedó muy grande- pienso, mientras sigo queriendo encajar a la fuerza.
Empieza la batalla y la.absurda.manía.de.ponerte.un.calzado.para.cada.tema.
Salgo a correr.
Odio correr cuando me despierto filosófico.
O imbécil.
Así que dejo que el viento haga el trabajo de destapar las mierdas que guardo dentro, que es parte del paquete de ser humano.
Aceptar que no soy dueño de nada ni de nadie me fastidia, será mi educación religiosa-capitalista que a veces aparece para darme por culo. Luego escupo al suelo. Como intentando desprenderme de todo eso. De todo mal.
Amén.
Pienso en mi familia, en mis amigos, en mi tierra, en la que está lejos, en los países que me faltan por conocer. Me imagino en una hamaca en Bali. Luego sentado en una plaza de Japón. No sé pienso en muchos lugares.
Lo único que tengo claro de momento es que todavía no encuentro ese maldito lugar donde respirar no me cueste tanto.
Llego al gimnasio sudando y metiendo barriga.
Miro a mí alrededor cuerpos. No personas. Sólo cuerpos. Porque nadie habla con nadie, todos están concentrados en el espejo y en sus bíceps.
Así que hago lo mismo.
Mi parte imbécil vuelve a recordar el sueño, y como un yonki con el mono me pongo a levantar pesas.
Trato de hacerme el fuerte y vencer a mis fantasmas, los hijos de puta se han levantado en armas y se están haciéndo notar. Me recorren el estómago a pellizcos y mi cabeza analítica y castigadora los apoya.
-Esto no me gusta- digo mientras me acerco, otra vez, a un espejo.
-Pero ¿qué es lo que no me gusta?- Pienso fríamente.
No llego a una conclusión.
Vuelvo a casa con el cuerpo pesado, sudado y cargado.
Agua caliente y otra ducha.
No, esta vez no voy a dibujar una sonrisa en el espejo.
Sino en mi rostro.
Te lo tengo jurado 2016.

lunes, 30 de noviembre de 2015

METAFOROSEÁNDONOS

El día que te vea nos va a faltar mundo para correr” pienso mientras apuro el cigarro, salgo del coche y aprieto el botón de la alarma.
Son las tres de la tarde.
Abro la puerta de casa y meto las llaves en el bolsillo.
-Hola- Me dicen todos, yo muevo la cabeza y me siento en la mesa. Están hablando de un programa que han visto en la tele. Al parecer fulanita ya no está con el español y éste le manda mensajes a través de la pantalla. No puedo conseguir, por más que intento, seguir el hilo de la conversación, así que me pongo algo de comida en el plato y saco el móvil para ver las fotos que me enviaste el otro día que hablamos.
Estás preciosa, digo en susurro.
-¿Tu novia es española?- Me interrumpe una voz aguda volviéndome de golpe a la mesa.
-Sí- respondo, -Aunque es catalana en realidad- continúo. Todos ignoran el resto de la información.
-¿Y cómo es?- vuelve a preguntar la voz aguda.
Me quedé mirando un punto fijo.
-¿Has visto alguna vez el atardecer en la montaña o cómo sale el sol detrás del mar?-
-Sí- Me responde convencida.
-Pues imagínate ambas cosas a la vez y no tendrás ni un aproximado- Seguí comiendo y regresé la mirada a las fotos.
-Dime más- insiste la voz aguda, y yo sentí la necesidad de mojar mis labios en tu boca:
-Imagínate un sueño en el campo, una brisa como una caricia suave que recorre tu rostro, un árbol de hojas verdes y fuerte raíz. Imagínate una mañana con olor a café, unas tostadas en el sofá, una terraza en un cuarto piso en Barcelona. Imagínate unos labios gruesos, unos cabellos rubios de cascada, unos ojos azules como el mar. Imagínate que te cogen dócil por el cuello unas manos firmes, que muerdes unas costillas de terciopelo, que metes la lengua en una bolsa de nubes de azúcar. Imagínate un cuadro de Klimt, la melodía previa en la cabeza de Beethoven, un lápiz entre los dedos de Beckett. Imagínate la inspiración en todos los artistas. Imagínate el recuerdo de tus días felices hecho humano. Tu presente, tu pasado y tu futuro jugando a la soga en el patio del recreo. Imagínate poder cometer un pecado, ver un milagro crecer en el vientre, trepar una entrepierna como si fuese una montaña y que sientas que allí siempre quisiste estar. Imagínate que te pasen la lengua por los dientes, que escuches unos gemidos y sientas la música, que se te infle el pecho ¿entiendes? No de aire, si no de paz-
La voz aguda se quedó en silencio, yo le miré fijamente unos segundos.
-Suma todas esas cosas y no tendrás ni un aproximado- concluí

y regresé la mirada a las fotos.