No sé cuántas copas más de vida me hacen falta para entender que no existe maldad en tu rostro.
lunes, 25 de abril de 2016
jueves, 18 de febrero de 2016
Fuimos pura serendipia.
Y a veces creo que eres como un recuerdo que siempre está por venir.
Como esa palabra que se te queda en la punta de la lengua.
Como imaginar la cara oculta de la luna y dibujarla a mano alzada sobre una hoja de papel.
Joder,
siempre intento encontrar en mis entrañas las palabras justas para atravesarte el alma como lo hacen los pendientes con tus orejas.
No sé si lo puedes ver, pero hay un agujero pequeño en la manilla de la puerta.
Dicen que es para meter la llave.
No lo hagas, no sirve de mucho.
Siempre encontraremos la manera: para, como, por, y si...
No existen las barreras.
lunes, 25 de enero de 2016
“Uno vuelve siempre a los viejos
sitios donde amó la vida”.
Eso he leído en una pared carcomida
por la humedad y el tiempo en una calle de camino a casa. Como una
contradicción a la palabra, aparecía el escrito a la fuerza
mientras las personas pasaban distraídas por su lado. Yo estaba del
otro lado de la acera leyendo la frase mientras me comía un
chocolate “Sublime” y le ponía gasolina al coche.
Me quedé pensando unos segundos en el
mensaje que mandaba la pared.
Solté una pequeña sonrisa y seguí mi
camino.
Al llegar a casa me he quitado las
zapatillas, me he puesto un zumo helado de maracuya y he mirado por
la ventana cómo pintaban el edificio de enfrente. El verde del
jardín estaba iluminado por el sol del verano. Suspiré. Cogí el
texto y me senté en el sofá a seguir leyendo. Una pequeña brisa
entraba por la ventana y los gatos de la casa dormían uno sobre
otro.
Volví a sonreír.
Pasada la tarde, he ido al gimnasio y
he hablado con William (ojalá se escriba así tu nombre), me contaba
de la dedicación al entrenamiento que le inculcaron desde muy
pequeño y lo a gusto que estaba con los resultados de su esfuerzo.
Yo no hacía otra cosa más que sudar como si el desierto de Ica viviera
dentro de mi estómago. Luego me he mirado en el espejo: “supongo
que estoy bajando un poco la barriga” pensé y salí corriendo del
gimnasio.
Fui feliz.
Al regresar he visto el móvil y habían
varios mensajes tuyos.
Llevaba todo el día esperando este
momento.
sábado, 2 de enero de 2016
2016 Rapid eye movement.
Te he soñado en brazos de otro, palpando casi a ciegas su forma que no se parece en nada a la mía.
No dejabas de sonreír.
Y es que en mi fase rem eras feliz con otro.
Me he despertado temblando, con 29 grados entrando por la ventana.
-No pertenezco a ningún lugar ni a ningún cuerpo- repetía en voz baja mientras iba al baño caminando descalzo. (Las cosas que quiero recordar las digo siempre en susurro, como pidiéndole perdón a la vida).
En el espejo he dibujado una sonrisa con el baho del agua caliente y he intentado encajar mi rostro en ella -me quedó muy grande- pienso, mientras sigo queriendo encajar a la fuerza.
Empieza la batalla y la.absurda.manía.de.ponerte.un.calzado.para.cada.tema.
Salgo a correr.
Odio correr cuando me despierto filosófico.
O imbécil.
Así que dejo que el viento haga el trabajo de destapar las mierdas que guardo dentro, que es parte del paquete de ser humano.
Aceptar que no soy dueño de nada ni de nadie me fastidia, será mi educación religiosa-capitalista que a veces aparece para darme por culo. Luego escupo al suelo. Como intentando desprenderme de todo eso. De todo mal.
Amén.
Pienso en mi familia, en mis amigos, en mi tierra, en la que está lejos, en los países que me faltan por conocer. Me imagino en una hamaca en Bali. Luego sentado en una plaza de Japón. No sé pienso en muchos lugares.
Lo único que tengo claro de momento es que todavía no encuentro ese maldito lugar donde respirar no me cueste tanto.
Llego al gimnasio sudando y metiendo barriga.
Miro a mí alrededor cuerpos. No personas. Sólo cuerpos. Porque nadie habla con nadie, todos están concentrados en el espejo y en sus bíceps.
Así que hago lo mismo.
Mi parte imbécil vuelve a recordar el sueño, y como un yonki con el mono me pongo a levantar pesas.
Trato de hacerme el fuerte y vencer a mis fantasmas, los hijos de puta se han levantado en armas y se están haciéndo notar. Me recorren el estómago a pellizcos y mi cabeza analítica y castigadora los apoya.
-Esto no me gusta- digo mientras me acerco, otra vez, a un espejo.
-Pero ¿qué es lo que no me gusta?- Pienso fríamente.
No llego a una conclusión.
Vuelvo a casa con el cuerpo pesado, sudado y cargado.
Agua caliente y otra ducha.
No, esta vez no voy a dibujar una sonrisa en el espejo.
Sino en mi rostro.
Te lo tengo jurado 2016.
No dejabas de sonreír.
Y es que en mi fase rem eras feliz con otro.
Me he despertado temblando, con 29 grados entrando por la ventana.
-No pertenezco a ningún lugar ni a ningún cuerpo- repetía en voz baja mientras iba al baño caminando descalzo. (Las cosas que quiero recordar las digo siempre en susurro, como pidiéndole perdón a la vida).
En el espejo he dibujado una sonrisa con el baho del agua caliente y he intentado encajar mi rostro en ella -me quedó muy grande- pienso, mientras sigo queriendo encajar a la fuerza.
Empieza la batalla y la.absurda.manía.de.ponerte.un.calzado.para.cada.tema.
Salgo a correr.
Odio correr cuando me despierto filosófico.
O imbécil.
Así que dejo que el viento haga el trabajo de destapar las mierdas que guardo dentro, que es parte del paquete de ser humano.
Aceptar que no soy dueño de nada ni de nadie me fastidia, será mi educación religiosa-capitalista que a veces aparece para darme por culo. Luego escupo al suelo. Como intentando desprenderme de todo eso. De todo mal.
Amén.
Pienso en mi familia, en mis amigos, en mi tierra, en la que está lejos, en los países que me faltan por conocer. Me imagino en una hamaca en Bali. Luego sentado en una plaza de Japón. No sé pienso en muchos lugares.
Lo único que tengo claro de momento es que todavía no encuentro ese maldito lugar donde respirar no me cueste tanto.
Llego al gimnasio sudando y metiendo barriga.
Miro a mí alrededor cuerpos. No personas. Sólo cuerpos. Porque nadie habla con nadie, todos están concentrados en el espejo y en sus bíceps.
Así que hago lo mismo.
Mi parte imbécil vuelve a recordar el sueño, y como un yonki con el mono me pongo a levantar pesas.
Trato de hacerme el fuerte y vencer a mis fantasmas, los hijos de puta se han levantado en armas y se están haciéndo notar. Me recorren el estómago a pellizcos y mi cabeza analítica y castigadora los apoya.
-Esto no me gusta- digo mientras me acerco, otra vez, a un espejo.
-Pero ¿qué es lo que no me gusta?- Pienso fríamente.
No llego a una conclusión.
Vuelvo a casa con el cuerpo pesado, sudado y cargado.
Agua caliente y otra ducha.
No, esta vez no voy a dibujar una sonrisa en el espejo.
Sino en mi rostro.
Te lo tengo jurado 2016.
lunes, 30 de noviembre de 2015
METAFOROSEÁNDONOS
“El
día que te vea nos va a faltar mundo para correr” pienso mientras
apuro el cigarro, salgo del coche y aprieto el botón de la alarma.
Son
las tres de la tarde.
Abro
la puerta de casa y meto las llaves en el bolsillo.
-Hola-
Me dicen todos, yo muevo la cabeza y me siento en la mesa. Están
hablando de un programa que han visto en la tele. Al parecer fulanita
ya no está con el español y éste le manda mensajes a través de la
pantalla. No puedo conseguir, por más que intento, seguir el hilo de
la conversación, así que me pongo algo de comida en el plato y saco
el móvil para ver las fotos que me enviaste el otro día que
hablamos.
Estás
preciosa, digo en susurro.
-¿Tu
novia es española?- Me interrumpe una voz aguda volviéndome de
golpe a la mesa.
-Sí-
respondo, -Aunque es catalana en realidad- continúo. Todos ignoran
el resto de la información.
-¿Y
cómo es?- vuelve a preguntar la voz aguda.
Me
quedé mirando un punto fijo.
-¿Has
visto alguna vez el atardecer en la montaña o cómo sale el sol
detrás del mar?-
-Sí-
Me responde convencida.
-Pues
imagínate ambas cosas a la vez y no tendrás ni un aproximado- Seguí
comiendo y regresé la mirada a las fotos.
-Dime
más- insiste la voz aguda, y yo sentí la necesidad de mojar mis
labios en tu boca:
-Imagínate
un sueño en el campo, una brisa como una caricia suave que recorre
tu rostro, un árbol de hojas verdes y fuerte raíz. Imagínate una
mañana con olor a café, unas tostadas en el sofá, una terraza en
un cuarto piso en Barcelona. Imagínate unos labios gruesos, unos
cabellos rubios de cascada, unos ojos azules como el mar. Imagínate
que te cogen dócil por el cuello unas manos firmes, que muerdes unas
costillas de terciopelo, que metes la lengua en una bolsa de nubes de
azúcar. Imagínate un cuadro de Klimt, la melodía previa en la
cabeza de Beethoven, un lápiz entre los dedos de Beckett. Imagínate
la inspiración en todos los artistas. Imagínate el recuerdo de tus
días felices hecho humano. Tu presente, tu pasado y tu futuro
jugando a la soga en el patio del recreo. Imagínate poder cometer un
pecado, ver un milagro crecer en el vientre, trepar una entrepierna
como si fuese una montaña y que sientas que allí siempre quisiste
estar. Imagínate que te pasen la lengua por los dientes, que
escuches unos gemidos y sientas la música, que se te infle el pecho
¿entiendes? No de aire, si no de paz-
La voz
aguda se quedó en silencio, yo le miré fijamente unos segundos.
-Suma
todas esas cosas y no tendrás ni un aproximado- concluí
y
regresé la mirada a las fotos.
sábado, 28 de noviembre de 2015
Quiero decirte que...
Es
primavera pero la ciudad no deja de ser gris.
Y que
el sonido de las bocinas de los coches,
la
gente que consume carteles en grandes centros comerciales,
los
ciudadanos de abecedario,
los
pocos carriles bicis,
el mar
del pacífico que baila enfurecido,
la
ciudad limpia,
las
calles sucias,
los
pocos niños que quedan jugando en la calle,
los
extranjeros asustados por personas que visionan el futuro,
la
mirada tierna de los de provincia,
el
pueblo que ama la naturaleza,
los
perros que buscan la basura,
el
seguridad que te pide documentos para no molestar a los de arriba,
las
montañas a lo lejos,
los
cerros vestidos de casas,
las
calles de colores de Barranco,
el
opus dei,
el
chico tatuado,
los
grandes teatros,
los
pequeños colectivos,
los
borrachos famosos...
Todos
me pregunta por ti
y yo
ya no sé qué contestar.
Supongo
que eso tienen las chicas guapas:
que se
hacen esperar.
Y no
le queda más remedio al macarra de turno
que
creerse súperhéroe
y
seguir salvando a esta latinoamérica del sin ti.
miércoles, 18 de noviembre de 2015
Al borde de tus precipicios.
Las
tardes suspiraban esperando el encuentro
como
quien esnifa una raya de cocaína
para
sentirse duro y creer que tiene la situación controlada.
Una
pérdida de tiempo constante
en el
tic tac de unos tacones que nunca terminan de llegar.
Miro
resignado las calles.
Giro
las esperanzas por si cruzas las esquinas distraída
con
mis manos desolladas en tus bolsillos
y me
devuelvas,
por
favor,
las
miradas de tus ojos que ya no lloran
por
este cuerpo demacrado que flota en el alcohol.
Te
mando señales de humo en cada calada del cigarrillo
por si
te da por mirar el atardecer por la ventana.
Yo ya
no te comparo con el sol.
De él
tengo la constancia de la madrugada,
de ti
ya no espero ni el anochecer.
Ni la
más áspera caricia de entusiasmo
calma
mi sed.
He
llenado la despensa de la cocina con tus lunares
y sigo
jurándome poeta sin tus dientes mordiéndome el ombligo.
Como
si fuera fácil desprenderse de un sentimiento
que
todavía arde dentro de mí.
Me
distraes y me alejas de todo lo material.
Gracias
por este sueño que quizá nunca termine,
pero
es lo único que me mantiene con vida.
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