martes, 4 de diciembre de 2018

Quería decirte

Quería decirte todas esas cosas bonitas
que las canciones románticas hablan,
mientras este lunes sigue silencioso,
esperando, tal vez,
que mi teléfono suene y seas tú invitándome al cine el martes.
Quería decirte todas esas cosas bonitas
que las canciones románticas hablan,
todas las que termino disimulando al enviarte un emoji
en formato de girasol o berenjena,
cuando, de hecho,
me gustaría que fuese un corazón rojo.
Rojo,
como tus mejillas al volver de paseo,
cuando montas bicicleta,
o cuando terminas de follar.
Rojo,
como las rosas,
como los labiales,
como los besos que te robaría
si te distraes por un segundo.
Quería decirte todas esas cosas bonitas
que las canciones románticas hablan,
y decirte que fácilmente,
y sin dudarlo,
te llevaría conmigo
si te apetece bailar sobre los hielos de este pecho moribundo.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Quédate conmigo

Quédate conmigo
no sólo hoy,
no sólo por un día,
no sólo hasta mañana.
Quédate conmigo
hasta el miércoles,
o jueves y viernes.
Quédate conmigo
hasta que olvidemos el reloj,
hasta quemar los calendarios.
Quédate conmigo
en los días aburridos,
en los sábados de cerveza,
en los domingos de sofá.
Quédate conmigo
mientras me quede
mientras quieras quedarte.
Quédate conmigo
cuando quieras escapar también.
Quédate conmigo,
así, recostados por inercia,
saltando al vacío por un sueño,
intentando buscar esa vida mejor.
Quédate conmigo,
porque cuando sonríes
todo al rededor florece,
Quédate conmigo,
porque en tus ojos entendí
el significado de la palabra hogar.

domingo, 28 de octubre de 2018

Hace dos copas que no hablo de ti
y parece que el viento me haya arrancado la lengua.
La gente me mira extrañada,
como si me faltase una parte del cuerpo en donde iba tu nombre.
La sombra de tu ausencia es lo único que queda de mí.
Y tu recuerdo,
claro,
que cada puto segundo aparece para recordarme
por qué estoy bebiendo ahora.

No ocurre nada interesante en esta fiesta,
salvo la chica de pechos grandes que me sonríe
cuando se da cuenta que la miro como un viejo mira el diazepam,
pero no haré nada.
No quiero enfrentarme a la tristeza de buscar tus ojos en el rostro de otra persona.
La luna y yo estamos peleados,
ya no me cuenta nada de ti,
te oculta en la parte que no se deja ver.
Yo la he llamado puta unas cuantas veces.

Voy por más cervezas.

Miro desde la terraza la calle,
gente paseando,
el tren que pasa cada hora,
algún que otro perro callejero…
No sé a quién quiero engañar: te busco.
Fantaseo con la idea que aparezcas debajo
y me sonrías con esa mirada que me follaba cualquier intento de aferrarme a ti.

Tan tuya,
tan de primavera.

Mi niño interno quiere el tobogán de tus cabellos negros que planchabas cada mañana,
los ojos cafés que decoraban tu rostro moreno.

La chica de pechos grandes me ha preguntado mi nombre,
dice que ha leído cosas mías.
Tiene una camiseta blanca que trasluce un sujetador de flores.
La he visto muy poco a los ojos.
Yo asiento con la cabeza cada frase que sale de su boca,
no la escucho tampoco.
Me siento una mierda de persona.
Me presenta a sus dos amigas que insisten en ir a bailar.

-No bailo- les digo con cara de pocos amigos,
pero me arrepiento y lo suavizo con un: –necesito beber más-.
Sonríen como si les hubiese contado un chiste
y yo me siento forzado queriendo encajar.
Ella, la chica de pechos grandes,
me ha susurrado al oído que en su departamento tiene una botella de vino,
que podemos ir después de todo.
No sé qué carajo es “después de todo”
desde que no estás todo es después de ti.

Miro la hora y son las tres de la mañana,
no las once y once.
Ya no creo en la magia ni en los milagros,
la vida se ha encargado de eso.

Enciendo un cigarrillo,
no sé cuánto tiempo más puedo aguantar en este lugar
lleno de gente que compite por el verso más elocuente,
por quién tiene la polla más grande
o la billetera más ancha.
Cantan canciones de amor abrazados,
despliegan sus pasos de baile por el intento inútil de aparearse.

Salgo muy despacio del lugar, tomo un taxi
-¿A dónde lo llevo señor?
-A casa.

Bona nit,
o lo que mierda sea.

lunes, 22 de octubre de 2018

Búscame

Por favor,
sólo búscame.

En los versos de las canciones que guardas en tu teléfono,
En las gotas del agua de la ducha fría de tu baño, 
en la cocina donde preparas la comida con prisas porque se te hace tarde,
o debajo de la manta cuando te quedas dormida en el sofá.
Búscame en los pasillos de tu universidad,
en los apuntes de tu cuaderno o en los dibujos esos raros que haces.
Búscame en la banca del centro donde nos conocimos,
o desde Sachaca hasta Cerro colorado.

Por favor,
Búscame.

Cuando tengas insomnio,
junto a los demonios que han llegado para no dejarte dormir.
Búscame en las películas románticas que miras con tu hermano,
en las gotitas del té que te preparas,
o en las hojas de esta primavera que florecen
y has olvidado regar.

Búscame cuando despiertes,
en el lado vacío que nos carcome el pecho y la cama,
en cada rincón de tu entrepierna donde ya no te buscan mis dedos,
o en la foto que decora la nostalgia de un adiós que no vimos llegar.
Búscame cuando estés en tus peores días,
y en los mejores también ¡qué coño!,
Búscame cuando te rías, cuando llores, cuando bosteces,
búscame incluso cuando te hayas cansado de buscar.

Sólo
y simplemente:
búscame.
Que yo estaré aquí,
esperando.

viernes, 12 de octubre de 2018

Me siento desplazado intentado, con la estupidez que me caracteriza, sabotear mis propios planes. El dolor no es ajeno, sino mío. Me escondo bajo las sábanas y me repito una y otra vez que todo está bien, incluso sabiendo que el cielo está oscuro allá afuera y que mis lágrimas ya han inundado la mierda que escondo en el suelo.
Mastico la esperanza, pero me muerdo la lengua.
No soy un tipo que va muy lejos, nunca lo fui. Pero a pesar de las pocas fuerzas en las piernas, sigo arrastrándome en medio del abismo. De todos mis descuidos.
La vida sigue escupiéndome en los ojos
y yo no hago nada.

viernes, 14 de septiembre de 2018

Tengo ganas de quedarme.
Permanecer en tus brazos, abrazarnos, uno al pecho del otro. Tener tu olor en la punta de la nariz como el café de las mañanas, con el sabor de tu boca en mis pupilas. Quedarme con las marcas de tus dientes en el cielo de la memoria, y en el cuerpo una señal que pasaste por mí, sobre mí. Quedarme, pegado a ti como un perro callejero, sin un reloj que nos diga lo contrario.

Estar contigo.
Existir junto a ti.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Tengo miedo sí.
Aunque siempre te diga con claridad todo lo que siento por ti, existirá ese maldito miedo en medio de tanta certeza. Tengo miedo de perderte, miedo a que un día estés tomando un café con una amiga y dudes. No hay nada más humano y peor que la duda. No sirven de mucho las palabras de aliento que intentan mostrarme lo contrario, no puedo pensar de otra manera que no sea esta. Has sido mi mejor solución, mi punto de apoyo para enfrentar al mundo que invento entre letras, pero, joder... Tengo miedo.

Bona nit.