sábado, 14 de octubre de 2017

Invertebrado

Ojalá no te acuerdes de lo que dije ayer,
ni anteayer,
ni antes de anteayer.
Que no te acuerdes que pienso demasiado,
que le tengo miedo al fracaso
y que fracaso porque tengo miedo.
Que no te acuerdes que soy impulsivo, dramático, maniático
y muchas veces caprichoso.
Ojalá no te acuerdes que me gusta estar solo,
que no me hace falta nadie,
que soy asocial.
Ojalá no te acuerdes que necesito estar a punto de perderte
para sentir que de verdad te quiero.
Ojalá no te acuerdes de la última noche que estuvimos juntos,
(porque no quiero que sea la última)
No te acuerdes del aeropuerto, del taxi, del "siempre llego tarde"
ni de lo que sentiste cuando me fui sin ti.
Ojalá no te acuerdes que existe el tiempo,
que no te gustan las relaciones a distancia,
No te acuerdes,
si quiera,
que estoy lejos.
Ojalá que no te acuerdes de agregarme a la lista de hombres que pasaron por tu vida.
Que pasarán.
Que pasé.
Ojalá hoy me vieras por primera vez
porque por primera vez soy.
Ojalá no te acuerdes que vas a olvidarme.
Sobre todo eso.

A estas alturas,
por favor,
no esperes que sea coherente.

Me siento estúpido,
pero no me importa.
Quiero creer que todavía tengo una oportunidad,
que todavía puedo arriesgar
y ganar,
que existe el todavía.

Quiero olvidarme de todos los planes que hice cuando me fui de casa la primera vez.
Quiero que estés en mi vida,
que seas mi vida,
porque nunca le tuve miedo a la muerte hasta que te conocí.
Quiero no dejarte pasar,
quiero recordar este momento sólo para pensar "lo logré, lo logramos",
si estamos juntos,
no necesito más.
Quiero que caminemos todos los caminos que quedan por andar,
que bailemos salsa, bachata, lambada, rock&roll
y todas las danzas que existen en el mundo,
que hablemos,
que viajemos,
que leamos,
que tomemos cerveza de pico,
que abras todas las botellas con el mechero,
que nos riamos,
que lloremos,
que nos hagamos cosquillas,
que juguemos a la lucha en el suelo,
que me ensucies,
que me despeines,
que me dejes cortarme las rastas para ponértelas en el pelo,
que nos abracemos,
que tomemos más cervezas.
Joder,
quiero hacerte masajes,
quiero que peleemos y nos reconciliemos pasados cinco segundos,
que hagamos ejercicio,
que follemos 24hs al día,
que me leas el horóscopo,
que nos bañemos juntos,
que volvamos a follar,
que desayunemos, almorcemos y cenemos juntos,
que cocinemos,
que me mientas diciendo que te gusta mi comida.
Quiero dormir contigo
y despertar contigo,
que duermas sobre mi pecho
o dentro de él.
Quiero que hagamos una lista infinita de películas por mirar.
Quiero que corramos y saltemos por los techos tomados de la mano.
Quiero vivir,
que vivamos,
que celebremos la vida.

(Quiero que me saques este nudo en la garganta)

Quiero sentir tu presencia,
quiero escucharte
y que me escuches,
quiero quererte.
Quiero que me presentes a tus padres
y hacerme amigo de tus amigos,
quiero ser tu soporte,
tu compañia,
tu fortaleza.
Quiero admirarte
y que me admires,
que soñemos,
que persigamos los sueños,
que los concretemos
y sigamos soñando.
Quiero
            pertenecer
                                a
                                    tu
                                         universo.

Me siento el campeón mundial de los estúpidos.
Pero no me importa.
Hoy no me importa nada,
nada más que tú.

domingo, 1 de octubre de 2017

No tengo nada que ofrecer.
Bueno, nada que sea tan espectacularmente bueno y emocionante que logre atraerte a primera vista.
De verdad, nada de diferente y especial al resto de humanos.
Nada que te haga decir al conocerme "coño, es el hombre que quiero en mi vida".
Pero poseo una cosa importante y compleja: un corazón del tamaño del mundo
y una voluntad de compartirlo más grande que él.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Tiene los ojos castaños y las tetas de silicona.
Está recostada sobre mi pecho y finge que duerme, me ha dicho que sería capaz de dormir así ocho horas del tirón y se retuerce como los gatos callejeros que se esconden en los arbustos. Mirarla es como ver el atardecer en el desierto, como una taza de café en el descanso del trabajo, como un temblor de madrugada.
Me he pasado la noche dibujando círculos en su espalda con la punta del dedo, a veces se ríe, en otras suspira.

La habitación está en silencio pero la calle está de sábado. Sólo se escucha una fiesta a lo lejos, sonidos de tacones, gente que ríe, algún que otro borracho intentando parar un taxi.

-Papi- me dice con ese acento que suena a un día de lluvia -¿Por qué te tienes que ir? quédate a vivir acá...-  y me clava un beso en el cuello como asesinando el perfume de otras que no son ella.
Sé que me bastaría nueve segundos más para enamorarme de su risa,
otros doce para atormentarme imaginando que le sonríe a otro,
y unos quince para escribir un poema.
-Tengo cosas que hacer- le digo con voz de cinco de la mañana, mezclada con alcohol y nicotina.
-¿Qué cosas?- responde rápidamente.
No supe qué contestar.
Ella se dio media vuelta y nos quedamos en silencio un largo rato.
Sus cabellos le resbalaban por la espalda, y como un padre de mérito otorgado, le cubrí con la manta cualquier señal de piel. Ambos sabíamos que no podíamos estar juntos, que nuestras vidas se encontraron en el camino sólo para aportarnos ese delirio de esperanza, de la no soledad, de la compañía con caducidad programada.

No quise prolongar más ese momento, así que me levanté, me puse los pantalones y encendí un cigarrillo mientras me colocaba la chaqueta porque en la calle seguro sigue siendo invierno. Bueno, y en mi vida.
Me acerqué hasta la cama para besarle la mejilla, pero ella se cubrió entera con la manta.
-No deberías reaccionar así- balbuceo.
-No deberías irte así- sentencia.
Otra vez, no dije nada.
Busqué las llaves del auto, abrí la puerta y salí.
Caminé a paso ligero para alejarme lo más rápido posible, como si me estuviera persiguiendo un perro con rabia o como si me hubiese dejado la llave del gas abierta. Fumaba como un empresario en banca rota y aquel parnaso se alejaba poco a poco del horizonte. Subí al coche, ella encendió la luz de la sala, y me marché.

Esa es mi naturaleza, huir.
Por miedo, por imbécil o por ambas.

No sé quedarme en los lugares que me hacen bien, ni sé mirarme en los ojos de otras personas sin que me asuste mi propio reflejo. Me espanta el hecho de que alguien más pueda sentir algo, aunque sea mínimo, por mí. Me aterra que alguien vea en mí un cobijo cuando yo sólo veo un abismo en cada paso que doy a ningún lugar.
Incompleto, así me siento. Y no porque alguien me falte, sino porque no me hallo del todo.

Sería hermoso caer y rodar cuesta abajo.
Y tropezarme,
sin querer,
conmigo.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Soledad

No sé si es extraño o triste, pero me gusta la soledad.
No odio a todo el mundo, ni odio a mis amigos, ni a los que están o se mantienen cerca de mí. Los amo con cada palabra en sus diálogos, pero necesito estar solo y no espero que me entiendan.
Tal vez soy algo excéntrico, no sé, pero mi cabeza siempre me exige distancia, como una droga que me hace empujar en lugar de tragar.
Necesito el silencio, necesito mirar el techo, las paredes, la ventana. Necesito abrir un libro y señalar con el dedo cualquier página y leerla. Necesito ver los detalles, las texturas, oler mis manos después de jugar en el césped, escuchar cómo el aire entra a mis pulmones, imaginar dibujos en el humo del café.
Necesito ver a la gente un poco lejos.
Necesito la soledad para que pueda ser yo mismo, la necesito y no lo niego, es lo único que me anima a mirar a los ojos de mis miedos, frente a frente.
Necesito estar solo porque la soledad siempre ha sido mi cura.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

La Luna en el río.

Deberíamos irnos mientras todo es bonito. Mientras aún somos felices y dejar en la memoria aquello que nos ilumina. No siempre debemos irnos en los malos momentos. No deberíamos esperar las lágrimas, la desesperación, la soledad. Deberíamos aprender a decidir adiós a las cosas perfectas, o que creemos perfectas, porque cuando menos lo esperas el sol se oculta y llega la tormenta, y no nos queda de otra, sólo observar la lluvia sintiendo una sed terrible. Esperando que todo regrese a la calma,  y la calma la asociamos al nombre de una persona. Pero el teléfono ya no suena, la puerta no se abre, nadie llega. Deberíamos aprender a abandonar algunas cosas sin olvidar el lado bueno de todo. Así estaríamos enteros, pero no, insistimos en quedarnos. Aún no hemos aprendido a despedirnos de los paraísos, pero no olvidemos una cosa: la Luna reflejada en el río no es Luna sino agua.

sábado, 22 de julio de 2017

Cuando era pequeño, me gustaba ayudar a mi madre a escoger el arroz antes de que lo cocine. Lo ponía todo sobre la mesa y escarbábamos con los dedos por largo rato. Ella me decía que tenía que dejar a un lado los que no estaban buenos, que tenía que separarlos bien para que no me duela la barriga de noche.
Desde pequeño mi madre me hizo entender que si algo no me hace bien, lo tengo que dejar a un lado.

Sirve para el arroz
como para las personas.

domingo, 2 de julio de 2017

Ven aquí, a casa.
Cuéntame cómo fue tu día,
lo que soñaste anoche,
si conseguiste terminar de leer el libro de Cortázar,
hablemos de lo hermosa que está la luna hoy,
o no hablemos nada y mirémonos un largo rato.
Pongamos un colchón en el suelo,
veamos alguna película aburrida,
comamos las tonterías que escondo en la alacena,
critiquemos a la actriz como dos viejos gruñones
y riámonos tanto y de tantas formas
que parezca que ser feliz es así de fácil.
Déjame perderme en tus ojos,
hablar de lo hermoso que luce tu cabello desordenado,
robarte algunos besos cuando estés distraída,
pasar mis brazos por tus hombros,
acariciarte la espalda hasta que el sueño te declare la guerra.
Dormir, si quieres, uno encima del otro.

Ven aquí, a casa.
Y deja, que de los motivos para que te quedes
me encargo yo.