Para verte como te quiero ver,
como herida cicatrizada,
es necesario cerrar los ojos.
Y confiar,
que la realidad no se me aparezca en sueños.
martes, 16 de diciembre de 2014
lunes, 15 de diciembre de 2014
Agradecido de no saber quiénes son.
Dicen algunos que soy escritor. El resto ni siquiera me conoce.
Y cuando digo el resto me refiero a la gran mayoría del planeta.
Escribir no es mi forma de volar, sino de no caer.
Aprender a encontrar el equilibrio entre mis desgracias y tu risa, por ejemplo.
Escribir es gritar sin necesidad de abrir la boca.
Es meter la cabeza en el fondo del mar y soñar con sirenas que te quitan la ropa y te lamen los dedos.
Es el tic tac de unos tacones a las cinco de la mañana.
Es pilotar un avión de papel.
No tengo grandes metas en la vida.
Soy feliz con lo que tengo, o conformista en palabras de mi padre.
Soy adicto a la soledad,
siempre la he elegido sobre todas las cosas.
No es bueno salpicar con mierda la efusividad de la gente.
Por eso decido estar solo.
No soy guapo, ni fuerte.
Vivo en un piso de alquiler y no tengo un trabajo estable.
Lo único estable que tengo es una mesa que monté en el salón de casa para poder mirar por la ventana
y escribir o dibujar.
Bueno, es lo mismo.
Y qué más te puedo decir que no conozcas ya de mis ojos.
Que mido un metro setenta,
que en invierno todos los huesos me sacan mentiras,
que tardo en dormir,
que me gusta más la noche que el día,
que prefiero las cervezas a los tranquimazín.
Que las últimas cuatro navidades las pasé comiendo kebap en la alfombra mirando fotografías de pequeño.
Que echo de menos a mi familia,
los abrazos cuando te derrumbas.
Todo eso.
Soy un tío por lo general inseguro.
Y esa inseguridad hace que fracase en muchísimas cosas que me propongo hacer.
Ya no creo en los reyes magos
hace mucho tiempo que dejé de creer en la magia.
Pero sigo esperando el milagro que me arranque toda esta impotencia de cuajo,
que me deje abiertas las heridas y entender por fin
qué soy cuando te alejas,
qué es lo que hay después,
del después,
de ti.
Alguna esperanza queda.
De existir.
jueves, 11 de diciembre de 2014
Mucho tiempo ocupado. Eso dicen.
Es que sin ti ya no sé lo qué es ser libre.
He empezado a dibujar con lágrimas corazones en las paredes
donde todavía quedan las marcas de tus uñas.
Me han quedado horribles,
nunca se me ha dado bien el artisteo.
Mi rutina sigue intacta como la dejaste:
contando el sonido de tus tacones antes de dormir,
con los pies fríos de tanto esperarte.
Viajar al baño como quien busca una excusa.
Lavarme el cuerpo.
Y la vida
Mente en blanco.
Ruido negro en la azotea.
Tu cepillo de dientes no lo he movido de su sitio,
es el único rastro de tu sonrisa que queda en esta casa.
Caminar descalzo y confundir mis huellas con las tuyas,
calcetines agujereados,
pijama de carne mordiendo el invierno,
y tus cremas de vainilla.
Salir del baño y llegar a la habitación,
arrancarme la memoria,
y dejarme caer en la cama creyendo que vuelo.
Pero no.
Caigo.
La gente suele confundir caer con volar.
Yo el primero.
Una ametralladora de palabras en libros que sólo hablan de ti.
Ya no creo en la mesilla de noche que no hace más que contar mentiras,
ni creo en el vaso con agua de dudas,
ni en la lámpara que por más que frote no aparece el genio
sólo luz en la bombilla.
Y yo estoy tan lejos de todo eso...
Dar vueltas y vueltas en la cama,
ponerme el edredón hasta la barbilla
y sentir un precipicio en el lado izquierdo del infierno.
Por favor,
dile a tus demonios
que no duerman conmigo.
Si no vienes tú
con ellos.
viernes, 21 de noviembre de 2014
El otro lado de la pared.
Es aquí.
Espera que busco las llaves,
tengo demasiadas cosas en los bolsillos:
relatos, alguna que otra moneda, tus manos, mi sonrisa...
Ya está.
Esta es mi casa.
Entra y quítate los zapatos
que de las medias ya me encargo yo.
No le tengas miedo a los monstruos
están demasiado viejos para morder.
Perdona el desastre,
mi vida no sabía que vendrías.
Mejor recojo un poco.
Esto que ves en el suelo son mis derrotas,
desde que te conocí me las he ido quitando una a una.
Ahora no sé dónde ponerlas.
¿Quieres tomar algo?
¿A mí por ejemplo?
Vale, te traigo una cerveza.
Pon algo de música.
Quiero decir: que hables,
que llenes este vacío anclado con tu voz,
y cuéntame tu día,
cómo has despertado esta mañana,
si te sigue doliendo la rodilla izquierda.
Todo eso.
Sabes,
la otra noche un cantautor me habló de ti,
no sabes lo difícil que resulta no escuchar tu nombre en frases ingeniosas.
Lo mejor es el mío pronunciado por tus labios.
Nunca me había gustado tanto mi nombre desde que te lo escuché decir por primera vez.
¿Saltamos en la cama?
Hasta romperla, claro.
Sino de qué sirve este juego.
También puedo esconderme debajo de tu falda,
o tú en la parte izquierda de mi pecho.
Podemos desordenar todas las rutinas,
o juntarnos la yema de los dedos
hasta que nos crezcan huracanes en las manos,
pero juguemos.
Pongámosle nombre a todas las estrellas,
contemos juntos los lunares de tu espalda,
los besos que aguantas en el cuello.
Llenemos de cosquillas a esta noche
y rodemos en la alfombra,
olvidemos el pasado
y riamos,
como si mañana fuera el fin del mundo,
busquemos las maneras de guiñarle el ojo a las persianas,
que nos quedemos dormidos abrazados,
que el tiempo avanza
y no quiero despertar con tu ausencia entre las sabanas.
¿Otra copa?
Abramos el champagne,
lo tengo para ocasiones especiales
y no conozco mejor compañía que la tuya.
Perdona mi torpeza con los sueños
son demasiado silvestres para acompasar mis pasos.
Mira,
esta hoja de papel la tengo en blanco para escribir en ella el futuro
podemos dibujar muñequitos con gestos obscenos
y a la mierda con lo que pase,
que no hace falta pensar tanto
si estás aquí sentada,
a mi lado,
ya no tengo tanto miedo
de lo que no llegaré a conocer.
De mí.
Ahora
por favor,
¿Bailamos?
Que tenemos el resto de tiempo
para nosotros.
jueves, 23 de octubre de 2014
El decibelio de mis gritos.
cortándome con los espejos de está ciudad caótica.
Era adicto a la tristeza
y esnifaba las lágrimas de los domingos
de todas las personas que se sentaban en el sofá
esperando las noticias de las ocho.
el que se ahogaba bebiendo los culos de las cervezas,
el que contaba adoquines cuando regresaba a casa.
que terminé vomitando de angustia,
acorralado en las cuerdas de este ring donde sólo yo luchaba.
!Perdedor! decían otros.
poniéndose a ellos como ejemplo.
en el fondo de todo mar agitado por las olas
todavía existen las sirenas.
Y ella,
a pesar del tiempo,
de los cambios de estación,
de los trenes que perdemos con los años,
salió entre la espuma para proclamarse diosa.
lo juro.
Meneando sus cabellos rubios,
su sonrisa como el mejor de los paisajes,
sus ojos azules como el cielo en las películas.
Y caminó sobre las aguas,
sobre mis aguas,
y no paró hasta llegar a mi barco
y encender el fuego en la madera.
Y nos hicimos leña en todos lados,
en la mesa,
en la cocina,
sobre la cama.
paz entre la guerra.
Y otras cuantas nos teñimos de miedo
para hacer más fuertes los abrazos.
que la vi aparecer en la marea
y caminar hacia mí como una fecha señalada.
que de pronto salte a otro barco,
que se despiste en la isla de otro bar
tomando un café con sus amigas
y dude...
No hay nada peor que la duda.
y estar allí,
o allí,
o en donde tú mires
y sepas el camino de regreso a mi isla
que ya he puesto la pancarta de tu nombre.
que no me encuentres.
lo juro.
Y para guiar su amor
me haré farola.
miércoles, 15 de octubre de 2014
Lado B
A mis miedos les crecen
alas cada vez que
me convierto
en capullo.
Y entonces,
todo deja de florecer.
Es que voy a revés del mundo:
bajo la escalera cuando tengo que subir,
abro la puerta cuando la tengo que cerrar
y casi siempre enciendo la luz antes de dormir.
"Ya te vale"
me repito en voz muy baja
mientras me escondo detrás
de los espejos de mi infancia
y añoro los abrazos de mis padres.
No me queda tanta gasolina en este motor
que ruge como un león moribundo
atrapado en el fondo de mi pecho
al que la gente lo sigue llamando corazón.
Muchas veces,
me siento lágrima en la mejilla de un rostro ajeno
y ya no sé de hasta cuándos estoy realmente de ser feliz.
Esperar como norma de supervivencia
mientras todos
cuelgan fotos de sus logros
en las redes sociales.
Alguien debería decírselo:
pocas veces se gana cuando más se tiene.
Y aun así no sé muy bien a qué llamar victoria.
¿Comparado con qué?
No digo nada,
pero lo suelto todo.
Porque no me van los sueños de otros
ya que últimamente no hago más que huir.
De mí.
