viernes, 1 de agosto de 2014

-¿Sabes qué es el cielo?- pregunté.
-Sí, claro que lo sé- respondió con seguridad,
como si no conociera otro.
-Creo que en realidad no sabes de lo que estoy hablando- y seguí besándole el cuerpo.

lunes, 28 de julio de 2014

Catarsis al este de tus muslos.

Por tu lado pasa el viento arrastrando despedidas
de un futuro que ya no se siente como nuestro.
Y de nada sirvió ser el fruto del árbol
que pusimos al comienzo de la calle,
como pregonando un devenir de mordidas
en lo típico del miedo.

Hemos pisado,
sin querer,
o tal vez queriendo,
todo aquello que corría por los aires,
con nuestros zapatos eléctricos de tormentas
en países desconocidos,
donde murmuraban promesas corazones heridos
en lo profundo de su zenit.

...hay que ser valientes para afrontar todo esto...

Que ya no se siente como tuyo
ni mucho menos,
como mío.
Las despedidas y su largo callejón de photocall.
Por dentro nos han crecido alimañas
dispuestas chuparnos lo poco que queda
de las veces que nos dijimos "para toda la vida"
yo cogiéndote de los pelos,
por ejemplo.

Saluda a tus diferencias de mi parte.
Esta vez han ganado la partida.

martes, 22 de julio de 2014

Aereoartificial.

1

Sólo quise tocar el cielo,
arroparme con las nubes
y sentirme pájaro.

2

Salté sobre el trampolín sin tener
en cuenta la gravedad.
Unos sueñan con volar y otros con
no caer.
Yo soy más de los que se mantienen
en el aire para tomar impulso
y darse el golpe más fuerte.

3

Me he repetido tantas veces el
discurso de no tener miedo,
que en ocasiones es el propio
miedo quien me teme,
por miedo a no tenerle miedo.

4

Y con estas van cincuenta veces
que lo repito,
uno más y no estaré vivo para
contarlo.

5

Vivir al límite,
con las dudas como una navaja
presionándote el cuello,
sin mediocridad que valga tanta
lucidez.

Tanta,
que muchas veces apesta.

6

No sirve de nada seguir distintos 
caminos cuando todos te llevan al
mismo lugar.

"prefiero lo conocido que lo que
está por conocer"

Y así nos va...

7

No quiero olvidar nada de lo vivido,
quiero ser capaz de recordar sin
que me duela.

8

Ojalá aprendamos a mirarnos en
otros ojos sin ver nuestro propio
reflejo.

9

Tengo un nudo en la garganta.
Por favor,
que alguien le de una patada al
taburete.

10

Sólo quise tocar el cielo,
arroparme con las nubes
y sentirme pájaro.

Ahora,
ya no.

domingo, 15 de junio de 2014

Odio al contigo sin ti.

-¿Y yo qué te hago sentir?- preguntó, con esa voz que pone antes de ocultarse entre las sábanas.
-Vacío- le contesté.
Los ojos se le hundieron en los parpados y no hice otra cosa, una de esas tantas estúpidas que hago, más que callar.

 La primera vez que discutimos y ella se fue caminando por el otro lado de la calle, mi estómago se llenó de silencios. No sabía qué hacer ni qué decir, así que dejé que se fuera con todos los “no te vayas por favor” que retuve en los labios antes de ver cómo giraba la calle.
Sí, se fue en línea recta caminando, pero giraba con sus pasos la calle.
Me quedé hambriento, sin mucho argumento que defender. Regresé a casa con una terrible soledad, con la sensación de haber vomitado todo lo que comí de su corazón en cada palabra hueca que soltaba aquella vez que discutimos.
Vacío, así me quedé.
Sin ti.

Las noches que dormimos con ese pasillo de kilómetros que separa tu habitación de la mía, la vida se me escapa en cada bostezo que doy cuando el sueño aprieta pero el recuerdo afloja. Saber que no voy a sintonizar la emisora de tus gritos o perfilar con lo vulgar de mis dedos tus caderas, me hace sentir pequeño en todos los rincones de la cama donde te busco y no te encuentro. Saber que no voy a oír tu voz en todos los formatos que he grabado en la memoria, ni sentir tus manos acariciándome los sueños, me derrota. Como si la cama me hubiese declarado la guerra y yo me haya rendido por falta de mejor armamento. 
Vacío, así me siento.
Cuando no duermes conmigo.

Vacío joder,
cuando el móvil no suena con tus llamadas y me pesa toneladas en el bolsillo,
o cuando tomo el café sin ti por las mañanas,
cuando abro la puerta y no están tus cabellos mordiéndome la boca,
o cuando mojas con tu piel las playas de Barcelona y me escribes diciendo que te gustaría que estemos juntos en ese momento,
cuando te busco incesante en mis oídos y pienso que el viento traerá de la mano tus aromas,
cuando los vecinos me preguntan por ti y yo con la mirada paupérrima les respondo que te has ido a comprar, o a leer, o a hacer esas cosas que haces cuando decides distanciarte de toda la cotidianidad que te rodea,
o cuando te miro desde lejos,
tan bonita.
Tan risueña.

Vacío.

-¿Y yo qué te hago sentir?- preguntó.
-Que lo llenas todo- Contesté.

viernes, 16 de mayo de 2014

Historias para partirse en dos y perder la otra mitad.

1

Aquí está otra vez el imbécil que te escribe 
de noche y llama a la tristeza por su nombre.

Sí, se me siguen cayendo tus be(r)sos 
de los labios.

2

La distancia no es dormir 
con nuestros cuerpos separados, 
sino que incluso durmiendo juntos 
sigamos sintiéndonos solos.

He dejado de contar las veces que nos dijimos 
hasta cuándo, quizá luego, mejor mañana.
Al parecer el hoy siempre nos quedó grande.

4

El amor es un cubata en el bar
donde nos vimos por primera vez,
y las cervezas los besos que te daba en cada trago.
Hace mucho que no salgo de bares.

No sé si lo entiendes.

5

En el medio del “tuyo” se nos ha colado
una i griega y al final nos repartimos los
pronombres para no complicarnos.
Como si separando la grieta nos olvidáramos
del precipicio.

6

Mis ojos siguen siendo ese oasis en el
que solías jugar descalza
y por mis mejillas todavía gotean tus huellas.

7

Abro la ventana para que cualquier rastro de olor 
que dejaste en las paredes desaparezca,
que idiota,
siempre fue la manera que tenías de entrar en mi vida.

8

Tengo un silencio espeso taladrándome
las ganas de verte.
Voy a terminar reventando con tu nombre 
manchando las paredes.

9

Te has llevado todo de mí menos el daño,
ojalá que el resto te sirva.

10

Aquí está otra vez el imbécil que te escribe 
de noche.

Ahora puedes seguir haciéndolo pedazos.

domingo, 20 de abril de 2014

Táctica para ser invisible.

Dentro de cualquier oscuridad sabré encontrarte
si me sigues mirando así,
con ese señuelo de carne que lanzan tus labios
cuando pronuncias mi nombre.
Ni las peores pesadillas me despiertan tan agitado
cuando se te da por desordenar el suelo con tu ropa
o decorar con tus bragas el tendedero de mi vida.
Podría ser vulgar con cualquier adjetivo con el que intente calificarte,
pero las palabras se hacen pequeñas si van acompañadas de ti
o de cualquier paso de sueños que das.

Escribir es sólo un acto reflejo de las ganas que tengo de verte
y de alguna manera son motivo de imaginarte y se hace más llevadero el día a día,
dentro de la rutina de distancias a la que te tengo acostumbrada
porque no sé llevar mejor estos logros cuando te tengo cerca.

Debería existir un diploma para el que sepa hacerte reír,
o encontrarte las cosquillas que te provocan sin ni siquiera tocarte.

Y que me odies cuando me pongo cursidramático
hacen que me enamore de tus gestos cuando frunces el ceño
y exiges que te siga mordiendo las piernas.

Para ser sincero no sé en qué momento te quedaste presa en mis pupilas,
o cuando me vi reflejado en tus ojos por primera vez,
porque sabemos de sobra que no es culpa del tiempo
ya que es sólo eso: tiempo.
Pero desde que nos dimos cuenta que las lágrimas también unen
no nos preocupa demasiado la palabra daño,
como si no existieran motivos para hacérnoslo.

Saberte primavera por adelantado
y fumarnos tres canutos de universo
tirados en el mar de nuestros proyectos futuros,
que son estúpidos, pero nuestros
me dan ganas de quitarte la ropa.
Joder, siempre tengo ganas de quitarte la ropa,
y los recuerdos cuando llegas estresada del curro,
y la razón cuando te da pena no irte.

Crear y creer siempre van de la mano
y quedarme sentado esperando nunca se me ha dado demasiado bien.

Vamos hacer del norte un picadero
y del centro una ciudad vacía,
que nos echen de menos si se enteran.
Tengo las maletas preparadas,
¿te vienes?
¿o qué?

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Martes 29 de abril y 13 de mayo a las 21:00 estoy en Sala Fènix (c/ Riereta 31 - Barcelona) con mi nuevo espectáculo poético - musical "En la estación de tu no llegada", música, palabras, flashmob... (esto último es para tirarme el rollo). 

Espero veros por allí y me cuenten un poco de vosotros.
Con unas cervezas, claro.

Reserva de entradas en: www.salafenix.com




lunes, 7 de abril de 2014

Valiente

“Soy un tío valiente” me digo mientras recojo la ropa del suelo
y ato los cordones de las zapatillas que decido llevar ese día.
Mientras lo hago, practico en voz baja eso de soltar sentimientos
como quien saca la basura después de una noche de fiesta:
con cuidado de no romper la bolsa y la mierda termine otra vez por los suelos.
Teniendo en cuenta el clima de mis emociones abrigo lo que me queda de sinceridad
y salgo a la calle con los segundos rozándome los talones,
pero los cordones atados para no tropezarme.
Otra vez.

“Soy un tío valiente” me digo mientras el aire de la primavera va en dirección contraria
y yo lucho con los semáforos en rojo,
los peatones cabalgados por deudas, pero con trajes a la moda,
contra los quince bares que adelanto antes de llegar a la parada del metro
que me retuerce el estómago con sólo verlo crecer.
Y la escalera, claro, que lleva tu nombre desde el día aquél que tropezamos.
¿Lo recuerdas?
Tú con las prisas porque ibas a perder el tren
y yo, acostumbrado a eso, caminaba escribiendo frases en el móvil.
Hola, me dijiste.
Adiós, te conteste.
Sí, así de patético y distante.

“Soy un tío valiente” Me digo mientras me aferro a la barandilla
y me alejo de la seguridad de la calle.
Sí, el metro me sigue dando miedo.
Y las veces que digo tu nombre en voz muy baja
y el eco de tu ausencia termina creando terremotos.
También le tengo miedo a la muerte,
antes ni siquiera me importaba,
hasta me burlaba de ella,
pero un día apareciste en mi puerta con el pelo mojado por la lluvia
y sonreíste...
y bueno, ya sabes.

“Soy un tío valiente” me digo mientras me dirijo al bar donde estarás sentada
bebiendo una cerveza,
liándote un cigarrillo de ese tabaco tan raro que fumas,
leyendo a Montero o Cortazar y subrayando las frases que te atrapan.
Estarás allí,
llenando el bar de miradas curiosas,
de gente que no se atreve a hablarte,
de recuerdos en cabezas de borrachos
que hablarán de ti como una fábula en su historia.

Y yo camino como si el mundo se estuviera cayendo a pedazos,
con un solo objetivo,
con prisas,
con tu aroma rescatado de las sábanas,
apretando los dientes,
los puños,
suplicando al tiempo que me devuelva los segundos que pierdo mientras duermo
y no te miro,
y no me miras,
y no es justo,
nada es justo.
Y el tiempo avanza
y yo te juro amor,
que me vuelvo héroe,
que me vuelvo aire,
que me vuelvo agua,
valiente, valiente, valiente...

Y llego puntual por desgracia,
hubiese preferido llegar antes.
Abro la puerta,
el silencio se apodera de mis manos,
...de mis ojos...
...de mi voz....

Y tú me ves, sonríes y dices:
“ven aquí valiente y dame un beso”
Y entonces

yo me hago picadillo.